El concierto tuvo lugar en el Parking de la viejo estadio de la Condomina, un pequeño espacio que se llenó el viernes (mucha gente quedó fuera) para ver en directo a Lourdes, Brian y Pablo. Como bien dijo Lourdes durante el concierto, no parecía el típico concierto suyo en lugares, pequeños y acogedores, lo que no favoreció la cercanía entre ellos y nosotros. Y se notó.
No se echó en falta nada sobre escena ya que los pequeños detalles que marcan Fuerteventura se solventaron con la espectacularidad del trío (sobre todo pablo que nos conquisto a todos) y la multitud de instrumentos del set (batería, bajo, guitarras, tambor indio, castañuelas, botella de anís…). Todo ello, unido a un sonido más que perfecto y a la siempre peculiar voz principal en un primer plano escalofriante, intenso y emocionante, hizo que el concierto rozara el notable.
Y sí que se la dieron. Su Nuevos tiempos
cortó la cinta inaugural de la noche, algo floja en los primeros temas
hasta la llegada del primer ‘clásico’ (en realidad sólo es un niño de
seis años), Tokyo ya no nos quiere. El estribillo de la canción inspirada en la novela del posmoderno -y posmaldito- Ray Loriga
fue el primero que repitieron a coro las voces de los asistentes.
Inmediatamente después los Lori siguieron apostando por el bueno
conocido y ya terminaron de hipnotizar a su público para el resto de la
noche haciendo juegos malabares con Luciérnagas y Mariposas.
Una conquista que les valió la fidelidad de sus seguidores incluso en
los momentos más bajos, que generalmente llegaban al interpretar los
nuevos temas.
Con toda su elegante chulería, Noni
empezó a fumarse el primer pitillo de la noche -una gira más a su ritmo
de fumador y en el próximo disco podría hacerle los coros a Sabina- mientras dejaba que su partenaire de voz y guitarra, Alejandro Méndez, cantara un muy conseguido Explícame.
Tras tirar la colilla Noni volvió a protagonizar la noche con Sus nuevos zapatos, uno de los grandes éxitos de aquel segundo gran disco que fue “Hostal Pimodan”.
En el que fue el primer careo con su
público, el líder de los Lori Meyers, sentado al teclado, mandó un
sentido saludo a sus “grandes amigos” Second.
Se notaba que estaba en Murcia, porque la gente recibió el gesto al grupo con un fuerte aplauso que se fue extinguiendo al empezar a
sonar Castillos de Naipes, una canción que recuerda más a Rafael -o al Bunbury Rafaelizado- que a Jota y al sonido Made in Granada más propio de los primeros trabajos del grupo.
Poco después dedicaron “a una pareja de recién casados” del concierto, su pegadiza Mujer Esponja,
que nuevamente fue coreada por todos los presentes -casados, no casados
y amebas inclasificables-, y Noni quiso rematar su faena de latin lover poco después con un juego de caderas a lo Elvis Presley en el pegadizo Corazón Elocuente.
Las palmas flamencas del público
inspiraron el regreso del Noni, quien volvió a pelotear a los fans -a su
manera- antes de sentarse nuevamente a las teclas e invitarlos a
visitar las dependencias de su ya conocido Hostal Pimodán.
La crítica facilona que escupe la letra de Religión,
uno de los últimos temas, no le quitó ningún mérito a la capacidad del
grupo para volver locos a sus seguidores con un poderoso sonido que
tiene algo que ver -pero no tanto, los maestros son los maestros- con
los primeros Planetas y que supuso el segundo mejor momento del primer bis.
El primero lo marcó Mi realidad y sus ritmos espaciales, una de las pocas canciones de “Hasta que el destino nos alcance” que la gente -realmente- se sabía y que disfrutó casi tanto como con Luces de Neón. El segundo bis fue más corto y empezó con una de esas manifestaciones expresivas de la mala follá granaína -la banda es de Loja, a unos 50 kilómetros de la capital, pero la tierra tira mucho-: “Ea, tocamos una más y nos vamos”. Y fue así como Noni volvió al principio de todo, Viaje de Estudios, sonidos eléctricos y muchos, muchos saltos.
El final, una rumbita que no lo era tanto: Alta Fidelidad. Un alarde de carisma del líder de los Lori sobre el escenario que acompañó con un semi desnudo, que a casados, no casados
y amebas inclasificables-, les volvió loco.
En este post os quiero recomendar a Blood Red Shoes, este dúo de post-punk influenciado por el grunge, las riot grrrls y la vertiente más existencialista de la literatura moderna consigue erizar. Ella armada hasta los dientes con una guitarra siempre lista para
distorsionar. En cuanto a la voz, se turnan solidariamente camuflando
así la posible existencia de un líder. El resultado final transmite un
sonido estimulante, agarrador y tan sucio que recuerda incluso a uno de
los géneros sonoros más pasionales: el grunge.
Por lo visto, la estructura minimalista también utilizada por los populares The White Stripes funciona a la perfección. ¿Alguien echa de menos aquí la presencia de un bajo? ¿De un teclado? ¿De algún violín? No, no y no. Dos discos redondos de los que ya han salido himnos indies como ‘I Wish I Was Someone Better’, ‘It’s Getting Boring By The Sea’ o ‘Don’t Ask’. Emoción, potencia, juventud, talento y belleza. ¿Qué más podríamos añadir a esa atractiva tarjeta de visita?


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