domingo, 29 de abril de 2012

En Crisis

Ya está muy manido, y probablemente muchos estemos hartos de escuchar esa frase que dice algo así como que la crisis es un momento de oportunidades, y es cierto que cada día que pasa, dejamos de creer en todas esas consignas sacadas de guías de autocomplaciencia; pero a decir verdad, no sé si cegado por un optimismo casi desconocido en mí o qué, he observado cómo en cierto modo esto se está haciendo realidad en la escena independiente, o quizá mejor dicho, underground.
Hace no tanto tiempo veía cómo promotoras nos bombardeaban con propuestas bastante pobres y a precios exagerados, porque para qué engañarnos, el ultimo hype inglés del momento, con un repertorio que difícilmente superaba los cuarenta minutos, sin teloneros y a más de veinte euros la entrada, era algo demencial. Yo aún recuerdo la amarga sensación que me producía imaginarme un taxímetro virtual encima del escenario que a cada minuto subía cincuenta céntimos; supongo que era algo mucho más entretenido que ver a un grupo que por lo general tenía una nula empatía con el público y que claramente se planteaba aquella pantomima como un viaje recaudatorio y puro trámite para que la promotora editara el disco aquí en España y luego les colocara en algún festival. Yo, concretamente un mes de septiembre, me cansé de todo eso y mandé a todos a la mierda: No volvería a pagar más de veinte euros por un concierto, salvo en ocasiones muy concretas y especiales.
Obviamente no dejé de ir a conciertos, lo que ocurrió es que dentro de la nueva franja de precios autoimpuesta me reencontré mucho más con las bandas locales, que estaban empezando o que militaban en el underground como ejercicio voluntario y artístico. Grupos que ofrecían fiestas en las que lo normal pasaba a ser que actuaran dos, tres, cuatro o hasta cinco grupos, a precios más que razonables y sintiendo que mi asistencia pasaba a ser mucho más valorada, que importaba que fuera allí y que incluso con la diferencia de lo pagado por esa fiesta y lo que me hubiera costado anteriormente un concierto, me permitía llevarme a casa sus maquetas, discos autoeditados en cd-r, splits, 7″… Desde entonces más que nunca volví al lema “support your local scene”.
Hoy el escenario es bien distinto, las vacas gordas ahora son anoréxicas y el dinero no va y viene como antes; ahora toca pensar en qué nos gastamos el dinero y ya no es tan fácil colar a cuatro mindundis imberbes procedentes de Londres, que por puro azar han logrado crear cinco o seis canciones graciosetas y que obviamente no van a ir a más. No será tan fácil colarlos en un festival y tampoco montar un concierto de ellos en la sala Camelot explicándoles además que no van a tocar por un caché fijo, sino que irán a un tanto por ciento de lo que se saque en taquilla… “Seriusly, are you kidding me? Fuck you Spanish bastard!”. A fin de cuentas en la NME salen todas las semanas como la nueva promesa británica, es normal una respuesta así. Con esto algunos promotores más listos han dejado la música “indie” de lado, se han pasado al rock, con un público más fiel y con cachés menos inflados, otros han optado por cerrar puertas. Además el público se iba cansando de que les torearan, o claro, quizá su beca, su contrato en prácticas, el paro o la paga de sus padres ya no les deje espacio para hacer el idiota acudiendo a la sala Camelot a escuchar ruido poco distinguible que sale del escenario que a su vez es tapado por columnas.

¿Y qué pasa con el vacío creado en la actualidad? ¿Vacío? ¿Qué vacío? La gente con inquietudes musicales está reencontrándose con su propia escena underground, descubriendo cómo son capaces de obtener más por menos, sintiéndose mucho más participativos y con la capacidad de aportar cosas nuevas mediante la creación de grupos o pequeños sellos discográficos; o blogs, o produciendo vídeos, o aportando diseños, u organizando conciertos; generando muchísima más actividad de la que se podía tan sólo soñar hace diez años. Tanta actividad a su vez está produciendo el efecto llamada, los medios digitales están provocando que a su vez los mayoritarios presten atención a grupos pequeños y, claro está, que cada día más y más gente vaya a los conciertos.
La falta de medios generalizada parece que se está aliando con aquellas propuestas más modestas pero que se hacen desde el corazón. Hoy por hoy, es más fácil lograr llenos en los conciertos underground que se están celebrando en el circuito de salas de Alicante, ya sea Camelot, Stereo, Subway, The One, y tengo claro que en un corto periodo de tiempo aún veremos crecer más el circuito y la integración de bandas a nivel estatal. Los sellos están agotando las ediciones en vinilo producidas para sus LP y singles, dejándonos auténticas joyas editadas que pasaran a ilustrar una época, de reliquias editadas en cd-r o cassette desafiando al paso del tiempo y el olvido.
Esta es una etapa dulce que se debe aprovechar pero con la que no nos debemos dejar cegar, ya que como todo en la vida, tiene su trampa: Lo que hoy es una oportunidad, mañana puede ser otra vez la tumba de toda una escena si cuando se vuelvan a tener medios no se evita repetir los errores que se cometieron hace casi ya veinte años con lo lo más parecido a lo que fue una escena alternativa.



Este vez os quiero recomendar a un grupo joven barcelonés llamado CUT YOUR HAIR, este lunes sacan a la venta su primer Ep, estan empezando a circular gracias a la velocidad que tienen sus teclados y guitarras, sus ritmos suaves y pegadizos que van a convertir sus canciones en hits veraniegos. Utah in Pictures, I Wish I Was Stoned y I Just Need Another Friend’ son los temas del primer trabajo.




En los últimos meses, CUT YOUR HAIR ha actuado en Madrid junto a The Rapture, en el Primavera Sound, en Apolo de Barcelona, en el Fever de Bilbao y muy pronto lo hará en varios festivales españoles (Embassa’t, Poromponpero, Arenal Sound…). Además, el pasado 20 de abril, el grupo estuvo en la sala Joy Eslava de Madrid junto a We Are Standard en un concierto apoteósico.





martes, 17 de abril de 2012

Concierto Russian Red + Lori Meyers

El pasado viernes estuve en el concierto de Russian Red en Murcia y, una vez más, Lourdes, Brian y Pablo me volvieron a sorprender. Era el primer concierto al que iba de Russian Red y la verdad es que en directo se vive de manera diferente. Escuche varios comentarios de que Lourdes evoca al pesimismo y a la tristeza, supongo que dependerá del ambiente que se crea en cada lugar y en cada canción, de la situación en la que estás tú en ese momento y, cómo no, de la forma en la que Lourdes las canta. Me imagino que a ella también le influirá el ambiente, la respuesta del público y la conexión que se crea con ellos. Es algo recíproco. Hay veces que surgen momentos mágicos entre cantante y público que son irrepetibles. En el concierto de Murcia estos momentos mágicos se vivieron, sobre todo, en 2 canciones (al menos así lo viví yo): ‘No past land’ y ‘A hat’.  En seguida lo explico, pero vamos a empezar por el principio.
El concierto tuvo lugar en el Parking de la viejo estadio de la Condomina, un pequeño espacio que se llenó el viernes (mucha gente quedó fuera) para ver en directo a Lourdes, Brian y Pablo. Como bien dijo Lourdes durante el concierto, no parecía el típico concierto suyo en lugares, pequeños y acogedores, lo que no favoreció la cercanía entre ellos y nosotros. Y se notó.

No se echó en falta nada sobre escena ya que los pequeños detalles que marcan Fuerteventura se solventaron con la espectacularidad del trío (sobre todo pablo que nos conquisto a todos) y la multitud de instrumentos del set (batería, bajo, guitarras, tambor indio, castañuelas, botella de anís…). Todo ello, unido a un sonido más que perfecto y a la siempre peculiar voz principal en un primer plano escalofriante, intenso y emocionante, hizo que el concierto rozara el notable.




 
 
Despues fue el turno para Noni y sus chicos hicieron saltar y bailar a su entusiasmado público, al que en no pocas ocasiones le hicieron la pelota con ese gracejo a medias que es el granaíno y que servidor comparte con toda la honra y la mala follá del mundo. “¡Un aplauso pá este público, ohtia!”, pedía el líder de la banda hacia la mitad de una actuación en la que se intercalaron los temas del nuevo album con los grandes singles de sus otros tres trabajos. Por aquello del “darle vidilla”.
Y sí que se la dieron. Su Nuevos tiempos cortó la cinta inaugural de la noche, algo floja en los primeros temas hasta la llegada del primer ‘clásico’ (en realidad sólo es un niño de seis años), Tokyo ya no nos quiere. El estribillo de la canción inspirada en la novela del posmoderno -y posmaldito- Ray Loriga fue el primero que repitieron a coro las voces de los asistentes. Inmediatamente después los Lori siguieron apostando por el bueno conocido y ya terminaron de hipnotizar a su público para el resto de la noche haciendo juegos malabares con Luciérnagas y Mariposas. Una conquista que les valió la fidelidad de sus seguidores incluso en los momentos más bajos, que generalmente llegaban al interpretar los nuevos temas.
Con toda su elegante chulería, Noni empezó a fumarse el primer pitillo de la noche -una gira más a su ritmo de fumador y en el próximo disco podría hacerle los coros a Sabina- mientras dejaba que su partenaire de voz y guitarra, Alejandro Méndez, cantara un muy conseguido Explícame.
  
Tras tirar la colilla Noni volvió a protagonizar la noche con Sus nuevos zapatos, uno de los grandes éxitos de aquel segundo gran disco que fue “Hostal Pimodan”.
En el que fue el primer careo con su público, el líder de los Lori Meyers, sentado al teclado, mandó un sentido saludo a sus “grandes amigos” Second. Se notaba que estaba en Murcia, porque la gente recibió el gesto al grupo con un fuerte aplauso que se fue extinguiendo al empezar a sonar Castillos de Naipes, una canción que recuerda más a Rafael -o al Bunbury Rafaelizado- que a Jota y al sonido Made in Granada más propio de los primeros trabajos del grupo.
Poco después dedicaron “a una pareja de recién casados” del concierto, su pegadiza Mujer Esponja, que nuevamente fue coreada por todos los presentes -casados, no casados y amebas inclasificables-, y Noni quiso rematar su faena de latin lover poco después con un juego de caderas a lo Elvis Presley en el pegadizo Corazón Elocuente.
  
Las palmas flamencas del público inspiraron el regreso del Noni, quien volvió a pelotear a los fans -a su manera- antes de sentarse nuevamente a las teclas e invitarlos a visitar las dependencias de su ya conocido Hostal Pimodán.

La crítica facilona que escupe la letra de Religión, uno de los últimos temas, no le quitó ningún mérito a la capacidad del grupo para volver locos a sus seguidores con un poderoso sonido que tiene algo que ver -pero no tanto, los maestros son los maestros- con los primeros Planetas y que supuso el segundo mejor momento del primer bis.
El primero lo marcó Mi realidad y sus ritmos espaciales, una de las pocas canciones de “Hasta que el destino nos alcance” que la gente -realmente- se sabía y que disfrutó casi tanto como con Luces de Neón. El segundo bis fue más corto y empezó con una de esas manifestaciones expresivas de la mala follá granaína -la banda es de Loja, a unos 50 kilómetros de la capital, pero la tierra tira mucho-: “Ea, tocamos una más y nos vamos”. Y fue así como Noni volvió al principio de todo, Viaje de Estudios, sonidos eléctricos y muchos, muchos saltos. 
El final, una rumbita que no lo era tanto: Alta Fidelidad. Un alarde de carisma del líder de los Lori sobre el escenario que acompañó con un semi desnudo, que a casados, no casados y amebas inclasificables-, les volvió loco.



En este post os quiero recomendar a Blood Red Shoes, este dúo de post-punk influenciado por el grunge, las riot grrrls y la vertiente más existencialista de la literatura moderna consigue erizar. Ella armada hasta los dientes con una guitarra siempre lista para distorsionar. En cuanto a la voz, se turnan solidariamente camuflando así la posible existencia de un líder. El resultado final transmite un sonido estimulante, agarrador y tan sucio que recuerda incluso a uno de los géneros sonoros más pasionales: el grunge.



Por lo visto, la estructura minimalista también utilizada por los populares The White Stripes funciona a la perfección. ¿Alguien echa de menos aquí la presencia de un bajo? ¿De un teclado? ¿De algún violín? No, no y no. Dos discos redondos de los que ya han salido himnos indies como ‘I Wish I Was Someone Better’, ‘It’s Getting Boring By The Sea’ o ‘Don’t Ask’. Emoción, potencia, juventud, talento y belleza. ¿Qué más podríamos añadir a esa atractiva tarjeta de visita?



 

martes, 3 de abril de 2012

Arqueólogo Musical

Quienes me conocen, que son pocos por desgracia o por fortuna, saben de mi alergia al presente y a todas sus manifestaciones, en especial las culturales y las gastronómicas. Eso no quiere decir que deje de quitarme el sombrero, por ejemplo, ante una buena canción. Obviamente no es como antes, que las había a porrillo. No abundan, para qué nos vamos a engañar. Por eso cuando aparecen son como una flor en el desierto.
Mi profesión nunca remunerada de arqueólogo musical me lleva a excavar mucho buscándolas, con ansia, hasta debajo de las piedras. Sé que existen y quien busca halla (no falla). Me provoca inmenso placer anal, genital, generacional, intrarectal, marital, poscoital y semanal degustar estos pequeños tesoros. Los que me conocen -que son muy pocos, tal vez nadie- saben que me gusta compartir (que es vivir).
Dos canciones dos, que diría el amigo Julio.



“Japón Sevilla”. Los Directivos. 2009.

Este llenapistas llegó a mí gracias a dos amigos que aprecio sobremanera: el sinpar expendedor de gasolina melómano Alberto Mas y el organizador de pequeños (por su escasez de medios) grandes (por la importancia del cartel) eventos más independientes y con mejor olfato que conozco, Antonio Ferrandez. Alberto y Antonio me hablaron de estos fieras, a quienes conocí una noche hará un par de veranos.
Debo confesar que el look tan tranquilote que se gastaban me llevó a malpensar a priori en otro anodino grupo indie capitalino. Nada de eso, queridos amigos. Sólo por esta canción Los Directivos merecen pasar a la historia.
Lo tiene todo: un arranque irresistible, un impecable fondo tecno sin caer en los manierismos del género, ritmo contagioso, una muy atractiva voz grave, letra perversa y oscura… y todo ello desemboca en un estribillo memorable de los que hacen época y se graban para siempre. Desde que la escuché por primera vez no dejo de pincharla en cualquier party que se precie. Siempre con los mejores resultados. Como de costumbre la descubrí tarde, con muchos meses de retraso. Y cuando quise verla y bailarla en directo me enteré que este esquivo combo no da conciertos -o al menos no los ha dado hasta la fecha-. Lástima.
Mi incultura futbolística es tal que pensé por un tiempo que la canción trataba acerca de un imaginario puente hispano-nipón, algo así como una línea aérea Tokyo-Sevilla que supongo nunca existirá (de haberlo hecho habría sido en aquellos fastuosos días de la Expo), eso es lo que muy ingenuamente se me ocurrió. Tal y como andan las cosas en Andalucía y en Japón me alegra saber que realmente trata sobre un famoso árbitro patrio, además de incluir un impagable guiño a aquel momentazo eurovisivo de Remedios Amaya. Una moderna genialidad ibérica.



“My cigarettes”. J’Aime. 2011 


Es posible cantar muy bien -no solo bien- en inglés siendo de aquí? Pues yo creo que es francamente imposible. Así de primeras sólo se me ocurre Alondra Bentley, pero con truco porque tiene sangre brit. Resulta que el gran Jaime Cristóbal alias J’Aime, personaje que a estas alturas no necesita ninguna presentación (un “hombre de música”, que diría San Juan de Pablos) es realmente capaz de hacerlo. No sólo posee los conocimientos, la dicción y pronunciación -algo perfectamente comprobable en su siempre recomendable Popcasting- británicos. También es capaz de fabricar piezas tan perfectas como ésta, me atrevería a decir que la mejor canción ibérica que escuché el pasado año. En mi humilde opinion a años luz de revivalistas tan sobrevalorados como Richard Hawley y más cercano a la exquisitez y el buenhacer de, por ejemplo, Chris Isaak. Porque J’Aime suena de manera natural y sabia a California, a surf, a descapotables, a amplificadores de válvulas, a guitarras numeradas de buena madera y perfecta arquitectura, a grabaciones en cinta, a productores bíblicos, a crooners, a bailes de “encantamiento bajo el mar”, a pin-ups, a punteos y arreglos certeros, a surfing magazines y en definitiva a la mejor tradición americana revisada con la elegancia foránea de un Robert Forster. Aquí su magia:








En este post queria recomendaros a Biffy Clyro, La banda lleva en activo mucho tiempo, aproximadamente desde mediados de los 90, han grabado un EP y 4 discos. Pero ha tenido que ser en 2007 con su cuarto disco llamado "Puzzle" cuando han alcanzado el éxito. El disco ha sido aclamado por la critica ya que parecen coincidir en que es su disco más accesible, parece que por ser menos heavy y experimental.





El sonido de Biffy Clyro es pesado pero melódico, sabiéndolo mezclar y combinar con mayor o menor presencia de guitarra, bajo y batería. Fundamentalmente se caracterizan por los cambios complejos que entrelazan de guitarras, melodías y baterías en una misma canción, y también por el hecho de que los tres miembros aportan vocalmente al grupo.