lunes, 5 de noviembre de 2012

EL PUNTO G


 

Es probable que el fenómeno de Hombres G en el panorama de la música pop-rock nacional no haya sido aún suficientemente estudiado. No seré yo quien, desde este espacio dedicado a las relaciones e la música, se atreva a explicar los motivos del carisma y la vigencia de David Summers, Javier Molina, Daniel Mezquita y Rafa Gutiérrez, ni de las pasiones que han arrastrado a millones de fans a lo largo de España y Latinoamérica y que han mantenido su legado durante treinta años, incluyendo diez de ausencia discográfica y en directo.
Pero sí me detendré en su debut cinematográfico, “Sufre Mamón” (Manuel Summers, 1987), insólita pieza de cine musical que se arrima y esquiva, una y otra vez, a todos los tópicos y tendencias del género haciendo bandera de la amistad, el compromiso, la monotonía y la estrechez de miras como claves para el éxito. “Somos muy normalitos, todo empezó como una cosa de amigos” y frases similares (a recitar con voz arrastrada y cierta chulería castiza) se repiten una y otra vez a lo largo del metraje.

Es evidente que una película como “Sufre Mamón” sólo puede disfrutarse desde una óptica naif, nostálgica o trash. Surgida en plena efervescencia de la fama de la banda, cuando sus dos primeros álbumes superaban el millón de copias vendidas, dirigida por el padre del líder del grupo y realizador poco sospechoso de incorrección política (algún día habrá que analizar con detenimiento su personal cine de la pubertad pre-liberación sexual) y con no menos de cuatro Summers más repartidos entre el guión y el reparto, debería haber sido una triunfal hagiografía, una celebración eucarística repleta de canciones que se rindiera al talento y al gancho musical de sus cuatro protagonistas. O, siendo aún más ambiciosos, un delirio pop a mayor gloria de la banda que emparentara el film con los experimentos visuales de Richard Lester con los Beatles o, sin ir más lejos, de las películas de Los Bravos.

Nada más lejos de la realidad. Amén de ofrecer el lógico puñado de canciones que harían las delicias de los fans y que convertían algunas de sus proyecciones en auténticos happenings de cánticos colectivos (según narran los afortunados testigos de la época), la película carece de dinamismo, de excitación hormonal, de delirio silvestre o de punch visual. Como mucho, contiene ciertos toques de comedia gamberra adolescente, como el sensacional comienzo en el que David y Javi torturan a los curas del Menesianos o de curiosidades como los comienzos protopunks del grupo, a la sombra de Los Nikis. Sorprende ver a los Hombres G (por entonces, Los Residuos) con camisetas de The Clash o Dead Kennedys mientras arañan guitarrazos a “La cagaste Burt Lancaster”. Asimismo, Summers (padre) jamás hace ver que el grupo posea algún tipo de habilidad musical, a pesar de que cada actuación deja ver el indudable olfato de Hombres G para crear melodías directas y pegadizas, adobarlas con desvergonzadas referencias pop y rematarlas con unos estribillos irresistibles.
Sin embargo, el verdadero punto G de la película reside en un detalle que le hace alejarse de su propia insignificancia y asomarse con cautela a la vanguardia.

Ya de por sí, no es demasiado habitual asistir a biopics en que los propios artistas se interpreten a sí mismos (y no me refiero a una ópera rock, al rodaje de un concierto o a un documental, sino a un film de ficción que narra la forja y la ascensión de la leyenda de los biografiados). Pero además, “Sufre Mamón” apuesta por plasmar en pantalla los fantasmas liberados de la canción que le otorga su nombre (cuyo título real, “Devuélveme a mi chica”, siempre fue eclipsado) adaptando el argumento de su letra e introduciéndonos sin aviso, sin pistas y sin rupturas de puesta en escena o de guión, en la cabeza de David Summers, en sus ensoñaciones, en la pequeña ocurrencia que se transforma en soplo de inspiración y logra hacerse inmortal. Incluso llega al extremo de regalarnos, en la que resulta ser la mejor escena de la película, un plano cerrado de David durante el mágico momento en que escribe las líneas que todos sabemos recitar de memoria: “Estoy llorando en mi habitación / todo se nubla a mi alrededor / ella se fue con un niño pijo / en un Ford Fiesta blanco / y un jersey amarillo”.

Y ese instante de creación artística surge de la improbable imagen de Ricky Lacoste, líder del ficticio grupo Fiebre Amarilla y villano de trazo grueso sublimado por las musas de David, némesis del grupo e ideal de lo que Hombres G querían y estaban a punto de obtener: el éxito musical, la admiración por su sensibilidad en el escenario y por su adorable toque macarra fuera de él y, lo más importante, un harén (o ganado, según se indica en la cinta) de chicas-cocodrilo a sus pies.
Por supuesto, no falta el esperadísimo momento en que el grupo ataca con polvos pica-pica a Ricky y quema su jersey con un petardo, rematado con un combate de boxeo en el que David triunfa y logra eliminar al fantasma que le impedía realizar sus sueños y amenazaba con llevarse a su novia “zorra y pedorra”. Un papel que fue interpretado por Marta Madruga, compañera sentimental de toda la vida y a la sazón esposa de David, sin ninguna experiencia previa (ni posterior) en el cine, sugiriendo así malévolas implicaciones sobre el demonio de los celos surgidos del subconsciente.

Y así, de inesperada y tal vez inconsciente manera, Summers narra el proceso de creación artística de un tema fundamental en la historia de la música española, estableciendo además renovados vasos comunicantes en la relación entre música y cine, entre una canción y una película, entre realidad y ficción.




La recomendación de este post es Dan Snaith, de Caribou, tiene un proyecto paralelo de electrónica. Se llama Daphni y está a punto de debutar con un disco titulado Jiaolong. Está disponible para escuchar al completo en streaming

 

lunes, 3 de septiembre de 2012

La Pulsión

Las vacaciones terminaron y la inexorable vuelta al trabajo también, después de un par de semanas de desconexión haciendo todo aquello que durante el año no sueles hacer y cuando le empiezas a coger el ritmo a las vacaciones zasca!... llega la maravillosa vuelta a la vida real... Durante el verano haces mil planes y aprovechas para salir más, hacer nuevas amistades internacionales para practicar tu inglés playero, hacer BBQ en la playa mientras disfrutas de la buena compañía mientras ves las lágrimas de San Lorenzo, etc...
En una de esas maravillosas noches mientras sonaba una vieja canción de Bon Iver y me hizo hacerme una pequeña reflexión.

¿Habéis pensado alguna vez las cosas que se ponen en juego cuando escuchamos música y cuando la creamos?

Si revisamos los textos escritos sobre música y psicoanálisis, no encontramos mucho, pero podemos adaptar conceptos que nos permiten una lectura distinta del proceso creativo.

En primer lugar, la música es la experiencia de lo inefable. Está claro que los sonidos que componen la música están articulados, combinados por el artista de acuerdo a una lógica y a una estética. Es decir que esta inefabilidad se manifiesta por sonidos encadenados en secuencias, tiempos, ritmos, silencios, etc.

Dice Freud en su “Presentación Autobiográfica” (1925): “El artista, como el neurótico, se había retirado de la insatisfactoria realidad al ámbito de la fantasía, pero, a diferencia de aquel, se las ingeniaba para hallar el camino de regreso y volver a hacer pie sólidamente en la realidad. Sus creaciones, eran satisfacciones fantaseadas de deseos inconscientes (…) Pero, a diferencia de los sueños, asociales y narcisistas, estaban calculadas para provocar la participación de otros seres humanos, en quienes podían animar y satisfacer las mismas emociones inconscientes de deseo”. ¿Sabíais que Freud no se atrevió a analizar la música porque padecía de uno de los muchos tipos de amusias (deterioro o pérdida de la capacidad de reconocer o evocar elementos musicales) y como consecuencia, no sentía ninguna emoción con ella?

Desde Freud sabemos que todos los seres humanos tenemos pulsiones, que son procesos que empujan al organismo hacia una meta. La pulsión tiene una fuente de excitación corporal (estado de tensión) que todas las personas necesitamos descargar a través de algún medio. Aunque existen varios tipos de pulsiones, entre ellas encontramos la pulsión de muerte, dirigida en un primer momento hacia el interior tendiendo a la autodestrucción, y en un segundo momento hacia el exterior en forma de pulsión agresiva o destructiva y la pulsión de vida o Eros, dirigida a conservar la existencia.

La creación artística es uno de los medios de descarga de las pulsiones que todos los humanos utilizamos. A esto se le llama sublimación, es decir, un proceso mediante el cual canalizamos nuestras pulsiones sexuales hacia fines no sexuales, es decir, hacia objetos socialmente valorados, como la música, la pintura, la escritura… Así, una persona con una pulsión sexual más voyeurista, podría sublimar siendo, por ejemplo, fotógrafo.

En la creación musical, el artista está desvelando todo su mundo interno, y su inconsciente sale a la luz con mucha menos represión que en nuestro día a día. En grupos musicales esto es aún más complejo ya que se ponen en marcha no un inconsciente sino dos, tres, cuatro… dependiendo de los integrantes que formen el grupo, por lo tanto se crea un inconsciente grupal compartido. ¿Pero qué pasa cuando ese inconsciente grupal se exhibe a la luz de los focos de un escenario? ¿Y si además ese inconsciente grupal es aclamado por un público? Que todos los inconscientes de cada uno de nosotros empiezan a compartir puntos comunes, como si de una tela de araña se tratara, creando una experiencia grupal e individual difícil de explicar con palabras, donde pareciera que el que está escuchando se siente también escuchado, reconocido en las emociones que el grupo transmite, aunque no siempre significa lo mismo para unos que para otros, ya que los inconscientes son muy suyos y muy nuestros.

Así en los conciertos, se puede ver gente cantando, intentando seguir la canción, interpretándola con gestos… La repuesta emocional es inmediata. La euforia, la melancolía, la ira o la calma que transmite la canción se convertirá también en “mi” euforia, “mi” melancolía, “mi” ira o “mi” tranquilidad, aunque realmente no hay fusión real con el otro, la melodía no es mía, ni soy el artista que la toca y esto puede generar sentimientos de muchos tipos, envidia, alegría, tranquilidad. La música nos sacude, nos acaricia, nos golpea, nos atraviesa… no hay ciencia que pueda explicar este hechizo que la música plantea, ni las heridas que nos deja.


La recomendción de este post es Ojay Morgan, este productor de Brooklyn que trabaja bajo el álter ego de Zebra Katz. En sus cortes construidos sobre un escueto ritmo y un lejano bajo consigue que la simpleza de este tema es directamente proporcional a su magnetismo, amplificado por un vídeo de gran plasticidad.



Para mí esto es lo mejor que he escuchado en mucho tiempo, Zebra katz hace gala de un rap idénticamente minimal, solo que aun más lento (y cuando digo lento es leeeeeeeentooooooo). Como poco, Zebra Katz se ha ganado engrosar la división principal de Mad Decent.







Post en memoria de Coral. D.E.P

jueves, 28 de junio de 2012

Una Muerte Anunciada

Más allá de géneros, escenas o bares, hay que reconocer que el rock, el pop y, en general, la música popular ajena a las radiofórmulas, es algo cada vez más reducido y elitista. No es nada nuevo, era una muerte anunciada.

¿Qué porcentaje del público de los conciertos es menor de treinta años? Vale, llamar viejos a la gente de treinta años está mal, pero lo sois. A los chavales no les importa una mierda lo que hacéis; puede que les guste la música, pero en vuestros conciertos no hay ni una tía de su edad y la paga no les da para pedirse una copa. Puede que esto suene reaccionario, pero lo cierto es que –al menos en Alicante que es del lugar del que puedo hablar– no ha habido el más mínimo recambio generacional. Lo más triste de todo es que la culpa de la situación no la tiene la música, ni los bares, ni siquiera los precios prohibitivos de las copas, la culpa es de la legislación que prohibió el consumo de alcohol a los menores de edad.
Cuando se fueron extendiendo por España las normativas que elevaban la edad mínima para el consumo de alcohol de dieciséis a dieciocho años –Asturias es la única Comunidad en la que todavía está permitido beber cerveza y vino -y sidra, claro- a partir de los dieciséis– los chavales empezaron a entrar más tarde en el circuito de bares y conciertos, los únicos lugares donde realmente se puede aprender música. Vale, en Internet se puede aprender de todo, cierto, pero si nadie te dice qué oír o qué buscar acabas escuchando cualquier cosa que te vendan y ni siquiera podrás contextualizarlo. En cualquier caso, el problema va más allá, y afecta principalmente a la música en vivo. Como los chavales no pueden ir a conciertos ni entrar en bares hasta que no tienen dieciocho años, se dedican a ponerse hasta las patas de whisky y vodka del LIDL –ahora también beben ginebra, que está de moda– en el parque de enfrente de cualquier discoteca infecta en la que pueden entrar con dieciséis años. Resultado: cuando son mayores de edad, y pueden ir a conciertos o bares, ya no les importa un carajo, porque no tienen ningún interés en lo que allí va a ocurrir y, además, no hay nadie de su edad con quien ligar.

Las normativas que prohiben el consumo de alcohol hasta los dieciocho no sólo han jodido al rock, también han creado un problema de salud pública. Desde que aparecieron, el consumo de alcohol en adolescentes no ha parado de subir y, además, son mucho más comunes los atracones. Los chavales antes empezaban a beber con la cerveza y el calimocho, que era lo que podían agarrar legalmente, y para lo único que les alcanzaba la paga. Además, podían entrar en bares, donde se ejercía algún tipo de control social. Ahora les da un coma etílico en el parque y santas pascuas. Está feo que yo diga esto, que he sido un fervoroso discípulo del botellón, pero los chavales no sólo tienen muy mal gusto musical, además no saben beber.

¿Hay alguna solución? No lo sé. Al menos en Alicante, el barrio del rock por excelencia, El Barrio, está muriendo a marchas forzadas. Los chavales con dieciocho años que tienen un mínimo interés por la música van a discotecas supuestamente indies, pero no se les ve el pelo en ningún concierto. Sí, hay conciertos para niños, pero los más pequeños no se enteran de nada. Lo importante es evangelizar a los adolescentes y eso es cada vez más difícil. O hacemos algo pronto o los conciertos de rock, pop, y todo lo que nos gusta, acabarán siendo como los conciertos de jazz, que tienen el mismo público con camisa y americana que hace cuarenta años.


  
La recomendación para este mes tan caluroso es la banda DIIV, banda anteriormente conocida como Dive. El debut de DIIV (Proyecto paralelo Beach Fossils) titulado Oshin se publicó el pasado junio, no están lejos de las coordenadas del pop que suele facturar habitualmente, pero se distinguen por añadir un componente de disonancia extraño, un tanto shoegazer, situándose a medio camino entre The Drums y Ariel Pink’s Haunted Graffiti.








domingo, 17 de junio de 2012

BlooM

Tengo una edad. Y lo digo sin autolamentarme. Nunca he entendido bien los que mienten sobre su edad. Si aparentas menos de los que marca tu DNI, decir tus verdaderos años sólo te conllevará halagos y miradas de admiración y/o envidia. Y si aparentas los que tienes, pues mejor decirlo que si no vas a quedar fatal… Tengo una edad, como ya digo, y los festivales, así en general, me estresan. Me provoca un cansancio infinito el simple hecho de ver esas listas eternas de bandas dispuestas a tocar en tres días. Superpuestas y apiñadas. Me causa un estrés insoportable tener que decidir constantemente entre una y otra cosa. Me cortocircuita asimilar más de un par de conciertos realmente intensos seguidos. Y todo esto, de acuerdo, tiene poco que ver con la edad. Mi limitada capacidad de elección y mis ritmos lentos (de digestión y de movimientos) han sido así desde casi siempre. Debo confesar que he ido a pocos festivales por gusto. Nunca he ido, por ejemplo, al FIB, igual que no he visto “Pretty Woman”, “Titanic” o “Forrest Gump”. Nunca fue una opción consciente, es más bien de esas cosas que no te pasan. Pero, amiguitos, hace un par de meses, descubrí un festival hecho a mi medida. El Electrónica en Abril de la Casa Encendida. Por unos cuantos motivos que me apresto a enumerar:

1. Proximidad al hogar: de acuerdo, es una razón bien circunstancial y absolutamente personal, pero es una cosa de mucho gusto subir un momento a casa porque tienes frío y necesitas una chaqueta.

2. Horarios de inicio y de final europeos: la cosa empieza a las ocho y acaba a eso de las once y pico. Y los horarios, oh sí, se cumplen a rajatabla. Nada de pausas eternas e infinitas en las que lo único que puedes hacer es amarrarte a la barra.

3. Número manejable de conciertos diarios: tres es una cifra ampliamente satisfactoria para un festival. Y añadiría más -aunque esto no sea mérito exclusivo de este festival-, conciertos de una duración perfecta: una hora escasa.

4. Nada de superposiciones: los conciertos se suceden uno tras otro, sin tener ni que correr de un escenario a otro, ni que ponerse en la espinosa e incómoda disyuntiva de tener que decidir entre el grupo que marcó tu adolescencia o aquel otro que quizá marcará tu senectud.

5. Mundo butaca: sí, queridos lectores, algunos de los conciertos eran SENTADOS, en un auditorio fetén, confortablemente ‘aculado’. Y no es cuestión de vagancia, es más bien que hay determinadas músicas que hay que escuchar sentadico. Por aquello de dejarse penetrar. Cuando uno está de pie, hay una parte de cerebro que está ocupada en mantener la verticalidad. Y esa parte del cerebro no se deja llevar plenamente por las sensaciones auditivas y/o visuales. Es como ver una película. El cuerpo en reposo permite que la cabeza se active y se abra a lo que le venga.

Motivos suficientes me parecen todos estos para que este festival se haya convertido en probablemente casi el único que, a partir de ahora, frecuente anualmente. Por no hablar de esa sensación gozosa de descubrimiento que tiene eventos ‘experimentales’ de este tipo. Lo de Roly Porter, Hype Williams y THEESatisfaction fue cosa fina…


Despues de su paso por España y siendo uno de los destacados en el Primavera Sound me gustaria recomendaros el cuarto disco de Beach House, “Bloom”, prorrogó los sonidos del álbum que les concedió popularidad internacional, el notable "Teen Dream", en un conjunto de neopsicodelia dream pop expuesto en tono nostálgico, calmo, íntimo.


En su cuarto disco aciertan en algunas melodías, como “Myth”, “Lazuli”, “Other People” o “Wild”, preciosistas momentos de electropop ensoñador con sutiles arreglos, pero reiteran demasiado sus texturas psicopop y sus motivos melosos de agridulce reflexión y evocación amorosa con piezas que terminan empalagando, incluso aburriendo, a pesar de no perder enfoque atmosférico.


lunes, 21 de mayo de 2012

La Reverberación

Hace dos o tres años pasé unas vacaciones en Huesca junto a unos amigos. Así aprovechamos a visitar a la familia de uno de ellos que es de Barbastro y estuve durmiendo en su casa durante mi visita. No hace falta decir que el nivel gastronómico por allá es realmente bueno, sobre todo para un amante desquiciado de los quesos como yo. Un día estuvimos en casa de una tía suya que nos invitó a almorzar. La comida fue estupenda y también abundante: a la noche nadie quiso cenar. Solo que yo no quise dejar pasar la oportunidad de llevarme algo a la boca. Y, claro, estando en Huesca y buscando algo informal, mi amigo puso a mi disposición, para que pudiera picar cuanto quisiera, chorizo y cabrales. Como no conozco la mesura comí hasta hartarme. Conclusión: Al poco me retorcía de un ardor de ardor de estómago sin precedentes, las medicinas del botiquín no hicieron ningún efecto y al final acabé provocándome el vómito para librarme de aquel mal en una desagradable escena pero tras la cual, entre sudores, respiré aliviado y feliz.
El reverb es uno de los efectos básicos de la música. Es la contracción en inglés de la palabra reverberación (vamos, reverberation), y por eso suele conservar, en un texto escrito, esa “b” que eliminamos al hablar. La reverberación es una característica del sonido en un espacio y se define por los rebotes de las ondas sonoras contra las superficies que hay alrededor. Hasta que se extingue, un sonido puede rebotar innumerables veces contra dichas superficies, y el conjunto dota a cada lugar de una personalidad sonora única.
Cada estudio de grabación tiene una reverberación especial, algo que es muy apreciado por los productores. También suele disponer de una sala “seca”, construida de tal forma que elimina en la medida de los posible cualquier rebote del sonido, en la que se suelen grabar voces para poder añadirles una reverberación artificial a través de un procesador de efectos. De estos hay innumerables clases y precios: algunos, usados en cine, cuestan miles de euros y son capaces de reproducir las características de cualquier lugar concreto que te puedas imaginar gracias a un software diseñado por un equipo de ingenieros que usan potentes ordenadores capaces de procesar todos los rebotes de una onda sonora de una frecuencia determinada y a una distancia concreta. A lo que hay que añadir que la onda principal transporta ondas secundarias de otras frecuencias (los armónicos). Sí, el sonido es uno de los fenómenos más complicados de estudiar de la física.
Muchos aficionados, aunque no hayan cogido una guitarra en su vida, saben lo que es el reverb, por lo que me podría haber ahorrado la explicación anterior. Es más, muchos músicos de pop no saben salir de las escalas mayores o menores, los acordes disminuidos les recuerdan a cuando a los quince años compraban revistas para aprender a tocar y piensan que más de tres acordes es jazz pero cuidan al milímetro la calidad del sonido que sale de sus amplificadores y se sienten con una seguridad increíble a la hora de pedir a un técnico, en un concierto o en una grabación, más reverb. Son famosos los casos de instrumentistas y productores que, para conseguir el reverb brutal que oímos en muchos discos, se van a túneles, naves industriales, iglesias abandonadas (muchas transformadas en estudio de grabación), etc. Todo para conseguir exactamente el sonido que quieren, un timbre determinado y característico.
Decir que me gusta el reverb es como decir que me gusta que el sonido se propague en ondas. Pero cuando alguien lo afirma sabemos que se refiere a ese timbre especial conseguido en discos como el “Psychocandy” (Blanco y Negro, 1985) de los Jesus & Mary Chain y similares. Incluso podríamos decir que toda una corriente del pop indie, asociada a las siglas C86 o a la influencia del sello discográfico Sarah Records, tiene una de sus características definitorias en el uso indiscriminado de reverb en todo lo que se le ocurriera. El problema es que, cuando una característica de un estilo de música se populariza, es usada hasta que se llega al extremo de la caricaturización. Algo parecido sucede con el lo fi, cuyo abuso es peligrosamente sonrojante.
No me malinterpreten, a mí me gusta el cabrales, lo adoro, pero en su justa medida y no a todas horas.

Ya que esta cerca la fecha del Primavera Sound  y este artista estará en el Line-up del fetival os recomiendo que a los que vayáis y os paséis a ver a AraabMuzik. Este productor estadounidense de ascendencia dominicana, mostrará sus habilidades delante de su MPC, teniendo la capacidad de reproducir patrones rápidos, ritmos de tambor, así como hacer melodías utilizando varias muestras y otros sonidos a la vez.



 






 

 





domingo, 29 de abril de 2012

En Crisis

Ya está muy manido, y probablemente muchos estemos hartos de escuchar esa frase que dice algo así como que la crisis es un momento de oportunidades, y es cierto que cada día que pasa, dejamos de creer en todas esas consignas sacadas de guías de autocomplaciencia; pero a decir verdad, no sé si cegado por un optimismo casi desconocido en mí o qué, he observado cómo en cierto modo esto se está haciendo realidad en la escena independiente, o quizá mejor dicho, underground.
Hace no tanto tiempo veía cómo promotoras nos bombardeaban con propuestas bastante pobres y a precios exagerados, porque para qué engañarnos, el ultimo hype inglés del momento, con un repertorio que difícilmente superaba los cuarenta minutos, sin teloneros y a más de veinte euros la entrada, era algo demencial. Yo aún recuerdo la amarga sensación que me producía imaginarme un taxímetro virtual encima del escenario que a cada minuto subía cincuenta céntimos; supongo que era algo mucho más entretenido que ver a un grupo que por lo general tenía una nula empatía con el público y que claramente se planteaba aquella pantomima como un viaje recaudatorio y puro trámite para que la promotora editara el disco aquí en España y luego les colocara en algún festival. Yo, concretamente un mes de septiembre, me cansé de todo eso y mandé a todos a la mierda: No volvería a pagar más de veinte euros por un concierto, salvo en ocasiones muy concretas y especiales.
Obviamente no dejé de ir a conciertos, lo que ocurrió es que dentro de la nueva franja de precios autoimpuesta me reencontré mucho más con las bandas locales, que estaban empezando o que militaban en el underground como ejercicio voluntario y artístico. Grupos que ofrecían fiestas en las que lo normal pasaba a ser que actuaran dos, tres, cuatro o hasta cinco grupos, a precios más que razonables y sintiendo que mi asistencia pasaba a ser mucho más valorada, que importaba que fuera allí y que incluso con la diferencia de lo pagado por esa fiesta y lo que me hubiera costado anteriormente un concierto, me permitía llevarme a casa sus maquetas, discos autoeditados en cd-r, splits, 7″… Desde entonces más que nunca volví al lema “support your local scene”.
Hoy el escenario es bien distinto, las vacas gordas ahora son anoréxicas y el dinero no va y viene como antes; ahora toca pensar en qué nos gastamos el dinero y ya no es tan fácil colar a cuatro mindundis imberbes procedentes de Londres, que por puro azar han logrado crear cinco o seis canciones graciosetas y que obviamente no van a ir a más. No será tan fácil colarlos en un festival y tampoco montar un concierto de ellos en la sala Camelot explicándoles además que no van a tocar por un caché fijo, sino que irán a un tanto por ciento de lo que se saque en taquilla… “Seriusly, are you kidding me? Fuck you Spanish bastard!”. A fin de cuentas en la NME salen todas las semanas como la nueva promesa británica, es normal una respuesta así. Con esto algunos promotores más listos han dejado la música “indie” de lado, se han pasado al rock, con un público más fiel y con cachés menos inflados, otros han optado por cerrar puertas. Además el público se iba cansando de que les torearan, o claro, quizá su beca, su contrato en prácticas, el paro o la paga de sus padres ya no les deje espacio para hacer el idiota acudiendo a la sala Camelot a escuchar ruido poco distinguible que sale del escenario que a su vez es tapado por columnas.

¿Y qué pasa con el vacío creado en la actualidad? ¿Vacío? ¿Qué vacío? La gente con inquietudes musicales está reencontrándose con su propia escena underground, descubriendo cómo son capaces de obtener más por menos, sintiéndose mucho más participativos y con la capacidad de aportar cosas nuevas mediante la creación de grupos o pequeños sellos discográficos; o blogs, o produciendo vídeos, o aportando diseños, u organizando conciertos; generando muchísima más actividad de la que se podía tan sólo soñar hace diez años. Tanta actividad a su vez está produciendo el efecto llamada, los medios digitales están provocando que a su vez los mayoritarios presten atención a grupos pequeños y, claro está, que cada día más y más gente vaya a los conciertos.
La falta de medios generalizada parece que se está aliando con aquellas propuestas más modestas pero que se hacen desde el corazón. Hoy por hoy, es más fácil lograr llenos en los conciertos underground que se están celebrando en el circuito de salas de Alicante, ya sea Camelot, Stereo, Subway, The One, y tengo claro que en un corto periodo de tiempo aún veremos crecer más el circuito y la integración de bandas a nivel estatal. Los sellos están agotando las ediciones en vinilo producidas para sus LP y singles, dejándonos auténticas joyas editadas que pasaran a ilustrar una época, de reliquias editadas en cd-r o cassette desafiando al paso del tiempo y el olvido.
Esta es una etapa dulce que se debe aprovechar pero con la que no nos debemos dejar cegar, ya que como todo en la vida, tiene su trampa: Lo que hoy es una oportunidad, mañana puede ser otra vez la tumba de toda una escena si cuando se vuelvan a tener medios no se evita repetir los errores que se cometieron hace casi ya veinte años con lo lo más parecido a lo que fue una escena alternativa.



Este vez os quiero recomendar a un grupo joven barcelonés llamado CUT YOUR HAIR, este lunes sacan a la venta su primer Ep, estan empezando a circular gracias a la velocidad que tienen sus teclados y guitarras, sus ritmos suaves y pegadizos que van a convertir sus canciones en hits veraniegos. Utah in Pictures, I Wish I Was Stoned y I Just Need Another Friend’ son los temas del primer trabajo.




En los últimos meses, CUT YOUR HAIR ha actuado en Madrid junto a The Rapture, en el Primavera Sound, en Apolo de Barcelona, en el Fever de Bilbao y muy pronto lo hará en varios festivales españoles (Embassa’t, Poromponpero, Arenal Sound…). Además, el pasado 20 de abril, el grupo estuvo en la sala Joy Eslava de Madrid junto a We Are Standard en un concierto apoteósico.





martes, 17 de abril de 2012

Concierto Russian Red + Lori Meyers

El pasado viernes estuve en el concierto de Russian Red en Murcia y, una vez más, Lourdes, Brian y Pablo me volvieron a sorprender. Era el primer concierto al que iba de Russian Red y la verdad es que en directo se vive de manera diferente. Escuche varios comentarios de que Lourdes evoca al pesimismo y a la tristeza, supongo que dependerá del ambiente que se crea en cada lugar y en cada canción, de la situación en la que estás tú en ese momento y, cómo no, de la forma en la que Lourdes las canta. Me imagino que a ella también le influirá el ambiente, la respuesta del público y la conexión que se crea con ellos. Es algo recíproco. Hay veces que surgen momentos mágicos entre cantante y público que son irrepetibles. En el concierto de Murcia estos momentos mágicos se vivieron, sobre todo, en 2 canciones (al menos así lo viví yo): ‘No past land’ y ‘A hat’.  En seguida lo explico, pero vamos a empezar por el principio.
El concierto tuvo lugar en el Parking de la viejo estadio de la Condomina, un pequeño espacio que se llenó el viernes (mucha gente quedó fuera) para ver en directo a Lourdes, Brian y Pablo. Como bien dijo Lourdes durante el concierto, no parecía el típico concierto suyo en lugares, pequeños y acogedores, lo que no favoreció la cercanía entre ellos y nosotros. Y se notó.

No se echó en falta nada sobre escena ya que los pequeños detalles que marcan Fuerteventura se solventaron con la espectacularidad del trío (sobre todo pablo que nos conquisto a todos) y la multitud de instrumentos del set (batería, bajo, guitarras, tambor indio, castañuelas, botella de anís…). Todo ello, unido a un sonido más que perfecto y a la siempre peculiar voz principal en un primer plano escalofriante, intenso y emocionante, hizo que el concierto rozara el notable.




 
 
Despues fue el turno para Noni y sus chicos hicieron saltar y bailar a su entusiasmado público, al que en no pocas ocasiones le hicieron la pelota con ese gracejo a medias que es el granaíno y que servidor comparte con toda la honra y la mala follá del mundo. “¡Un aplauso pá este público, ohtia!”, pedía el líder de la banda hacia la mitad de una actuación en la que se intercalaron los temas del nuevo album con los grandes singles de sus otros tres trabajos. Por aquello del “darle vidilla”.
Y sí que se la dieron. Su Nuevos tiempos cortó la cinta inaugural de la noche, algo floja en los primeros temas hasta la llegada del primer ‘clásico’ (en realidad sólo es un niño de seis años), Tokyo ya no nos quiere. El estribillo de la canción inspirada en la novela del posmoderno -y posmaldito- Ray Loriga fue el primero que repitieron a coro las voces de los asistentes. Inmediatamente después los Lori siguieron apostando por el bueno conocido y ya terminaron de hipnotizar a su público para el resto de la noche haciendo juegos malabares con Luciérnagas y Mariposas. Una conquista que les valió la fidelidad de sus seguidores incluso en los momentos más bajos, que generalmente llegaban al interpretar los nuevos temas.
Con toda su elegante chulería, Noni empezó a fumarse el primer pitillo de la noche -una gira más a su ritmo de fumador y en el próximo disco podría hacerle los coros a Sabina- mientras dejaba que su partenaire de voz y guitarra, Alejandro Méndez, cantara un muy conseguido Explícame.
  
Tras tirar la colilla Noni volvió a protagonizar la noche con Sus nuevos zapatos, uno de los grandes éxitos de aquel segundo gran disco que fue “Hostal Pimodan”.
En el que fue el primer careo con su público, el líder de los Lori Meyers, sentado al teclado, mandó un sentido saludo a sus “grandes amigos” Second. Se notaba que estaba en Murcia, porque la gente recibió el gesto al grupo con un fuerte aplauso que se fue extinguiendo al empezar a sonar Castillos de Naipes, una canción que recuerda más a Rafael -o al Bunbury Rafaelizado- que a Jota y al sonido Made in Granada más propio de los primeros trabajos del grupo.
Poco después dedicaron “a una pareja de recién casados” del concierto, su pegadiza Mujer Esponja, que nuevamente fue coreada por todos los presentes -casados, no casados y amebas inclasificables-, y Noni quiso rematar su faena de latin lover poco después con un juego de caderas a lo Elvis Presley en el pegadizo Corazón Elocuente.
  
Las palmas flamencas del público inspiraron el regreso del Noni, quien volvió a pelotear a los fans -a su manera- antes de sentarse nuevamente a las teclas e invitarlos a visitar las dependencias de su ya conocido Hostal Pimodán.

La crítica facilona que escupe la letra de Religión, uno de los últimos temas, no le quitó ningún mérito a la capacidad del grupo para volver locos a sus seguidores con un poderoso sonido que tiene algo que ver -pero no tanto, los maestros son los maestros- con los primeros Planetas y que supuso el segundo mejor momento del primer bis.
El primero lo marcó Mi realidad y sus ritmos espaciales, una de las pocas canciones de “Hasta que el destino nos alcance” que la gente -realmente- se sabía y que disfrutó casi tanto como con Luces de Neón. El segundo bis fue más corto y empezó con una de esas manifestaciones expresivas de la mala follá granaína -la banda es de Loja, a unos 50 kilómetros de la capital, pero la tierra tira mucho-: “Ea, tocamos una más y nos vamos”. Y fue así como Noni volvió al principio de todo, Viaje de Estudios, sonidos eléctricos y muchos, muchos saltos. 
El final, una rumbita que no lo era tanto: Alta Fidelidad. Un alarde de carisma del líder de los Lori sobre el escenario que acompañó con un semi desnudo, que a casados, no casados y amebas inclasificables-, les volvió loco.



En este post os quiero recomendar a Blood Red Shoes, este dúo de post-punk influenciado por el grunge, las riot grrrls y la vertiente más existencialista de la literatura moderna consigue erizar. Ella armada hasta los dientes con una guitarra siempre lista para distorsionar. En cuanto a la voz, se turnan solidariamente camuflando así la posible existencia de un líder. El resultado final transmite un sonido estimulante, agarrador y tan sucio que recuerda incluso a uno de los géneros sonoros más pasionales: el grunge.



Por lo visto, la estructura minimalista también utilizada por los populares The White Stripes funciona a la perfección. ¿Alguien echa de menos aquí la presencia de un bajo? ¿De un teclado? ¿De algún violín? No, no y no. Dos discos redondos de los que ya han salido himnos indies como ‘I Wish I Was Someone Better’, ‘It’s Getting Boring By The Sea’ o ‘Don’t Ask’. Emoción, potencia, juventud, talento y belleza. ¿Qué más podríamos añadir a esa atractiva tarjeta de visita?



 

martes, 3 de abril de 2012

Arqueólogo Musical

Quienes me conocen, que son pocos por desgracia o por fortuna, saben de mi alergia al presente y a todas sus manifestaciones, en especial las culturales y las gastronómicas. Eso no quiere decir que deje de quitarme el sombrero, por ejemplo, ante una buena canción. Obviamente no es como antes, que las había a porrillo. No abundan, para qué nos vamos a engañar. Por eso cuando aparecen son como una flor en el desierto.
Mi profesión nunca remunerada de arqueólogo musical me lleva a excavar mucho buscándolas, con ansia, hasta debajo de las piedras. Sé que existen y quien busca halla (no falla). Me provoca inmenso placer anal, genital, generacional, intrarectal, marital, poscoital y semanal degustar estos pequeños tesoros. Los que me conocen -que son muy pocos, tal vez nadie- saben que me gusta compartir (que es vivir).
Dos canciones dos, que diría el amigo Julio.



“Japón Sevilla”. Los Directivos. 2009.

Este llenapistas llegó a mí gracias a dos amigos que aprecio sobremanera: el sinpar expendedor de gasolina melómano Alberto Mas y el organizador de pequeños (por su escasez de medios) grandes (por la importancia del cartel) eventos más independientes y con mejor olfato que conozco, Antonio Ferrandez. Alberto y Antonio me hablaron de estos fieras, a quienes conocí una noche hará un par de veranos.
Debo confesar que el look tan tranquilote que se gastaban me llevó a malpensar a priori en otro anodino grupo indie capitalino. Nada de eso, queridos amigos. Sólo por esta canción Los Directivos merecen pasar a la historia.
Lo tiene todo: un arranque irresistible, un impecable fondo tecno sin caer en los manierismos del género, ritmo contagioso, una muy atractiva voz grave, letra perversa y oscura… y todo ello desemboca en un estribillo memorable de los que hacen época y se graban para siempre. Desde que la escuché por primera vez no dejo de pincharla en cualquier party que se precie. Siempre con los mejores resultados. Como de costumbre la descubrí tarde, con muchos meses de retraso. Y cuando quise verla y bailarla en directo me enteré que este esquivo combo no da conciertos -o al menos no los ha dado hasta la fecha-. Lástima.
Mi incultura futbolística es tal que pensé por un tiempo que la canción trataba acerca de un imaginario puente hispano-nipón, algo así como una línea aérea Tokyo-Sevilla que supongo nunca existirá (de haberlo hecho habría sido en aquellos fastuosos días de la Expo), eso es lo que muy ingenuamente se me ocurrió. Tal y como andan las cosas en Andalucía y en Japón me alegra saber que realmente trata sobre un famoso árbitro patrio, además de incluir un impagable guiño a aquel momentazo eurovisivo de Remedios Amaya. Una moderna genialidad ibérica.



“My cigarettes”. J’Aime. 2011 


Es posible cantar muy bien -no solo bien- en inglés siendo de aquí? Pues yo creo que es francamente imposible. Así de primeras sólo se me ocurre Alondra Bentley, pero con truco porque tiene sangre brit. Resulta que el gran Jaime Cristóbal alias J’Aime, personaje que a estas alturas no necesita ninguna presentación (un “hombre de música”, que diría San Juan de Pablos) es realmente capaz de hacerlo. No sólo posee los conocimientos, la dicción y pronunciación -algo perfectamente comprobable en su siempre recomendable Popcasting- británicos. También es capaz de fabricar piezas tan perfectas como ésta, me atrevería a decir que la mejor canción ibérica que escuché el pasado año. En mi humilde opinion a años luz de revivalistas tan sobrevalorados como Richard Hawley y más cercano a la exquisitez y el buenhacer de, por ejemplo, Chris Isaak. Porque J’Aime suena de manera natural y sabia a California, a surf, a descapotables, a amplificadores de válvulas, a guitarras numeradas de buena madera y perfecta arquitectura, a grabaciones en cinta, a productores bíblicos, a crooners, a bailes de “encantamiento bajo el mar”, a pin-ups, a punteos y arreglos certeros, a surfing magazines y en definitiva a la mejor tradición americana revisada con la elegancia foránea de un Robert Forster. Aquí su magia:








En este post queria recomendaros a Biffy Clyro, La banda lleva en activo mucho tiempo, aproximadamente desde mediados de los 90, han grabado un EP y 4 discos. Pero ha tenido que ser en 2007 con su cuarto disco llamado "Puzzle" cuando han alcanzado el éxito. El disco ha sido aclamado por la critica ya que parecen coincidir en que es su disco más accesible, parece que por ser menos heavy y experimental.





El sonido de Biffy Clyro es pesado pero melódico, sabiéndolo mezclar y combinar con mayor o menor presencia de guitarra, bajo y batería. Fundamentalmente se caracterizan por los cambios complejos que entrelazan de guitarras, melodías y baterías en una misma canción, y también por el hecho de que los tres miembros aportan vocalmente al grupo.

 

jueves, 22 de marzo de 2012

EL ARTISTA

Cursando mis estudios he conocido a mil profesores, todos me aportaron algo en mi vida, tanto en lo bueno como en lo malo. De todos ellos me quedo con una frase que me dijo uno de mis profesores: Una vez que apliques el diseño a tu vida, triunfaras en todo lo que te propongas. Al principio no me di ni cuenta de lo que queria decir porque estaba cogiendo apuntes de tal manera que me resultaba complicado pensar en lo que escribía, despues, dando un repaso a mis apuntes me choco esta reflexión de mi profesor, en ralidad al poco tiempo pense que se estaba quedando conmigo pero al tiempo me di cuenta que tenia totalmente razón y decidí aplicarla. El otro día buscando entre mis apuntes la volví a leer y empezaro a surgirme dudas:
¿Habéis pensado alguna vez las cosas que se ponen en juego cuando escuchamos música y cuando se crea? Pues sentaros un rato en nuestra noria musical.
Si revisamos los textos escritos sobre música y psicoanálisis, no encontramos mucho, pero podemos adaptar conceptos que nos permiten una lectura distinta del proceso creativo.
En primer lugar, la música es la experiencia de lo inefable. Está claro que los sonidos que componen la música están articulados, combinados por el artista de acuerdo a una lógica y a una estética. Es decir que esta inefabilidad se manifiesta por sonidos encadenados en secuencias, tiempos, ritmos, silencios, etc.

Dice Freud en su “Presentación Autobiográfica” (1925): “El artista, como el neurótico, se había retirado de la insatisfactoria realidad al ámbito de la fantasía, pero, a diferencia de aquel, se las ingeniaba para hallar el camino de regreso y volver a hacer pie sólidamente en la realidad. Sus creaciones, eran satisfacciones fantaseadas de deseos inconscientes (…) Pero, a diferencia de los sueños, asociales y narcisistas, estaban calculadas para provocar la participación de otros seres humanos, en quienes podían animar y satisfacer las mismas emociones inconscientes de deseo”. ¿Sabíais que Freud no se atrevió a analizar la música porque padecía de uno de los muchos tipos de amusias (deterioro o pérdida de la capacidad de reconocer o evocar elementos musicales) y como consecuencia, no sentía ninguna emoción con ella?

Desde Freud sabemos que todos los seres humanos tenemos pulsiones, que son procesos que empujan al organismo hacia una meta. La pulsión tiene una fuente de excitación corporal (estado de tensión) que todas las personas necesitamos descargar a través de algún medio. Aunque existen varios tipos de pulsiones, entre ellas encontramos la pulsión de muerte, dirigida en un primer momento hacia el interior tendiendo a la autodestrucción, y en un segundo momento hacia el exterior en forma de pulsión agresiva o destructiva y la pulsión de vida o Eros, dirigida a conservar la existencia.
La creación artística es uno de los medios de descarga de las pulsiones que todos los humanos utilizamos. A esto se le llama sublimación, es decir, un proceso mediante el cual canalizamos nuestras pulsiones sexuales hacia fines no sexuales, es decir, hacia objetos socialmente valorados, como la música, la pintura, la escritura… Así, una persona con una pulsión sexual más voyeurista, podría sublimar siendo, por ejemplo, fotógrafo.
En la creación musical, el artista está desvelando todo su mundo interno, y su inconsciente sale a la luz con mucha menos represión que en nuestro día a día. En grupos musicales esto es aún más complejo ya que se ponen en marcha no un inconsciente sino dos, tres, cuatro… dependiendo de los integrantes que formen el grupo, por lo tanto se crea un inconsciente grupal compartido. ¿Pero qué pasa cuando ese inconsciente grupal se exhibe a la luz de los focos de un escenario? ¿Y si además ese inconsciente grupal es aclamado por un público? Que todos los inconscientes de cada uno de nosotros empiezan a compartir puntos comunes, como si de una tela de araña se tratara, creando una experiencia grupal e individual difícil de explicar con palabras, donde pareciera que el que está escuchando se siente también escuchado, reconocido en las emociones que el grupo transmite, aunque no siempre significa lo mismo para unos que para otros, ya que los inconscientes son muy suyos y muy nuestros.
Así en los conciertos, se puede ver gente cantando, intentando seguir la canción, interpretándola con gestos… La repuesta emocional es inmediata. La euforia, la melancolía, la ira o la calma que transmite la canción se convertirá también en “mi” euforia, “mi” melancolía, “mi” ira o “mi” tranquilidad, aunque realmente no hay fusión real con el otro, la melodía no es mía, ni soy el artista que la toca y esto puede generar sentimientos de muchos tipos, envidia, alegría, tranquilidad. La música nos sacude, nos acaricia, nos golpea, nos atraviesa… no hay ciencia que pueda explicar este hechizo que la música plantea, ni las heridas que nos deja.




Otra banda que se dejará caer por nuestras tierras es Little Dragon, esta banda sueca presentará su ultimo disco (Ritual Union, 2011) tiene dos discos publicados anteriores a este Ritual Union, 15 años de carrera, una imagen estupenda, colaboraciones más que buenas (por ejemplo con Gorillaz) y algunas actuaciones en nuestro país, una de ellas en el pasado Sonar, BRUTAL!!!





El uso interrumpido y, a veces cargante o sobrecargado, de la voz de la cantante Yukimi Nagano se hace un poco pesado para escucharlo. La constante hiperactividad de cambios musicales te frena un poco para bailarlos, si no es en directo. Little Dragon es de esas bandas que, cuanto más los ves, más te gustan y por tanto más escuchas, pero cuestan. Este cuarteto nos presenta un disco de once canciones cargadísimas de baterías, teclados y sonidos completamente ricos y mecánicos. Ritmos fáciles de seguir pero un tanto desconcertantes y bastantes barrocos a momentos, portadores a lugares entre urbanos y bucólicos al mismo tiempo, como dentro de un complejo mecanismo electrónico un tanto bipolar.

jueves, 15 de marzo de 2012

DESTINO: AEROPUERTO

Todavía puedo recordar aquel año, no se porque, creo que ese año empecé a disfrutar la vida y darme de cuenta de que mi cuerpo cambiaba a ritmo frenético que yo no podía controlar, por aquel entonces solo me dedicaba como cualquier niño de 13 años a jugar al fútbol (que partidos nos metíamos) en el patio del colegio utilizando el antiguo campo de tierra que teníamos en el patio, y de balón una pelota de tenis. Era abril de 1999 y en la calle no se hablaba de otra cosa, era el primer fin de semana tras la salida de “Una Semana en el Motor de un Autobús” (RCA, 1998). Los Planetas habían vuelto a cerrar un LP con una canción de más de nueve minutos, y qué canción. “Por lo menos tendré la certeza, de que existo, de que puedo decidir…”, repetíamos sin parar. “Desde ahora, HASTA EL DÍA QUE ME MUERA!”… ¿Sería el nacimiento de un nuevo himno generacional?, nos preguntábamos.




Cuatro días después, en un Continente (ahora Carrefour) me compré el “Pop” (RCA, 1996), que aún no lo había escuchado. Allí estaba ese precioso CD de portada rosa, en el carro de la compra, entre paquetes de embutido y detergente para lavadoras. Al volver a casa solo tenía quince minutos para cambiarme y marcharme. Como por aquel entonces no tenía discman (ni yo, ni nadie), nada más entrar por la puerta puse a grabar el CD en una cinta para poder escucharlo de camino al entrenamiento en la mitica C. Deportiva; grabé la primera canción, y luego salté a la novena, para hacerme una pequeña idea de lo que sería el final del disco, y para ver si terminaba con una “Caja del diablo” o con una “Copa de Europa” (como todos sabéis el “Pop” comienza con “DB”, un tema de nueve minutos y termina con “Punk”, de minuto y medio).

Han pasado trece años ya, y aún lo recuerdo con claridad. Estar andando y llegar a la C. Deportiva, terminada “DB” y sus estimulantes últimos cuatro minutos de magia sónica, comenzó “Aeropuerto”. Recuerdo subir el volumen y no entender ni una sola palabra de la estrofa, recuerdo el pelotazo, el cambio de intensidad del estribillo: “Siento que no te quiero, no importa”, la vuelta a la estrofa ininteligible, las entradas ridículas de la batería… pero, sobre todo, recuerdo la piel de gallina y el escalofrío en mis brazos, el pensar que esa canción era especial, jodidamente especial, me decía a mí mismo mientras rebobinaba una y otra vez para poder volver a escucharla con la esperanza de poder rescatar una a una las frases de esa maravillosa letra.


“En el sitio en que vivías, cuando estábamos saliendo, escuchábamos aviones despegar, aunque estábamos muy lejos.”



Después de estar revisando varios Line-up's de los festivales más importantes de nuestro país he observado que la recomendación de hoy asistirá a la mayoría de ellos, y por eso creo que no deberíais perdéroslo bajo ningún concepto. La recomendación de hoy es un maño llamado Bigott (menudo crack), este maño de pocas palabras se entrega a su público en cada directo, consigue establecer una comunicación con su público increíble.


Bigott
Su música huele a Jhonny Cash, Cohen, Morrissey o Lou Reed, y sin apenas promoción y desde una compañía independiente bigott llega a su cuarto disco (The Original Soundtrack, Grabaciones del Mar, 2011) todo ello aderezado con el peculiar sentido del humor de Borja, sus tintes surrealistas y sus logrados juegos de palabras que consiguen robar más de una sonrisa.








lunes, 12 de marzo de 2012

Joder, Sal de Mi

Si hubiese que hacer una pirámide demográfica con la población que compone la escena musical española, el gráfico nos saldría con forma de ataúd. Y esto no es una metáfora gótica ni una hipérbole siniestra: es que cuando la población envejece a ritmo muy superior al que aparecen nuevas generaciones las barras que representan el crecimiento de demográfico forman una figura con esta fúnebre forma. Que se lo digan a Japón. Los expertos en economía aseguran que en 2050, si siguen la tendencia actual, la población activa del país nipón será tan reducida como el público de un concierto de la Nueva Oreja de Van Gogh

Dios les libre para entonces de otro Fukushima, porque todos los bomberos van a estar en un geriátrico.
Aunque la SGAE cuenta con datos sobre los músicos que les tributan, no hay un instituto nacional de estadística que se dedique a llevar el censo de músicos españoles (si lo hubiese, el director general sería, con toda seguridad, Kiko Veneno), pero esta vez me atrevo a asegurar sin miedo a equivocarse que el pop español pasa por una fase vegetativa: es decir, está envejecido y envejeciendo.
Aquí nos metemos en terreno peliagudo por dos razones:
a) Continuar con este argumento obliga a una definición previa de los términos ‘escena musical española’ y por supuesto ‘pop’
b) Seguir adelante con esta exposición entraña un riesgo: herir la sensibilidad de los músicos implicados. Es fácil quitarle importancia a la anécdota de esos niños que te paran por la calle pare pedirte la hora y te tratan de ‘usted’ y te llaman ‘señor’. Pero cuando hace tiempo que ya no eres aquel tipo esbelto y con abundante flequillo que cabía perfectamente dentro de unos pantalones pitillo y la tonsura natural o la feliz tripa del hombre casado hacen acto de presencia es más difícil defender que te hayan publicado ya cinco discos (y cuatro sean mediocres).

¿Hay alguien ahí, Mcfly?



Supongamos que ‘escena musical española’ y ‘pop’ son dos palabra baúl en las que queremos meter cosas que suenan mucho por la radio y que son bastante conocidas por el público general: acudamos entonces a alguna lista tan ramplona y uniformizadora como el propio hecho de hablar genéricamente de ‘escena musical’ y de ‘pop’. Vayamos a ver cuáles son los diez nombres encabezan hoy por hoy la lista Promusicae de los discos españoles más vendidos.

Y dice así:

Pablo Alborán
Sergio Dalma
Estopa
Manolo García
Dúo Dinámico
Amaral
Bumbury
Alejandro Sanz
Amaia Montero
Luz (Casal)

Correcto.

Nombres todos que ya aparecían en aquellas lista de Afyve que tan felices nos hicieron en los tiempos del Rockopop de Beatriz Pecker. Con la sola diferencia de que entonces todos ellos tenían veinte años menos. Y de que en aquel tiempo la venta de discos podía llegar a convertirse en una fuente de ingresos seria para quienes quisieran vivir de la música. Únicamente Pablo Alborán -un chaval de veintitrés que ha conquistado al público nacional con una propuesta flamenca tan fresca como los jerseys de cuello vuelto de Carlos Cano es la excepción que confirma la regla.

Premio artista revelación 2012
Diréis:
- Pero Javi, todos sabemos que las listas de ventas oficiales, controladas por majors y cercenadas por mil motivos, en un mundo dominado por las descargas libres, la escuchas en streaming y la autoedición, no representan en absoluto la realidad de lo que está ocurriendo en el panorama musical español (¿‘Panorama musical español’? Joder, sal de mi, José Luis Moreno).
Y tenéis razón. Los rankings de Promusicae son tan fiables en la medición del pulso de la escena como un gallo de Portugal en la predicción del tiempo.
Por este motivo, he hecho un somero repaso de las listas de Lo Mejor de 2011 publicadas por revistas especializadas en los ires y venires de la industria independiente (¿es necesario concretar a qué nos referimos con ‘independiente’? Qué cansancio. Que ese post lo escriba otro) con la esperanza de que estos espacios de probada sensibilidad underground y gran habilidad prospectiva (Rockdelux, Jenesaispop, MondoSonoro), capaces de subdividir la música popular contemporánea en más de cincuenta y seis categorías diferentes, arrojasen algo de luz sobre el asunto.

La esperanza era encontrar bandas de veinteañeros con cuerpos en plenitud física y mentes inquietas en estado de bullición. Erecciones prodigiosas e ideas nuevas. Los Lady Gaga, los XX, los MGMT, los Vaccines españoles. Los Niños de San Ildefonso del predio alternativo. Juventud, divino tesoro.


Veamos un resumen de los nombres más frecuentes en las listas independientes de los mejores trabajos del año que acabamos de despedir (los números no responden a un orden concreto).

1. Nacho Vegas
2. Manos de Topo
3. Antònia font
4. Parade
5. La casa azul
6. Nudozurdo
7. Russian Red
8. La Bien Querida
9. Christina Rosenvinge
10. Pony Bravo
11. Sr. Chinarro
12. Lisabö
13. Bigott
14. The New Raemon, Francisco Nixon y Ricardo Vicente
15. Manel

Interpretación de datos para la ubicación de estas bandas dentro de la pirámide demográfica:
1. La etiqueta yogurín no le encaja, ¿verdad?.
2. Los Artic Monkeys, también fueron jóvenes promesas. Pero ya no.
3. Su gran hit se titula “Calgary 88″. Aquí huele a tienda de segunda mano.
4. ¿¡Aún publican!?
5. Gulle Milkyway sale en las fotos de la comunión de Tino el de Parchís…
6. Como Lori Meyers o Vetusta Morla, FUERON jóvenes
7. Aplíquese el epígrafe anterior.
8. Véase Christina Rosenvinge.
9. Véase La Bien Querida.
10. Hay que haberle dado varias vueltas al tacómetro para hacer esas letras.
11. Grecian 2000, s’il vous plait.
12. Atendiendo a la entrada de la Wikipedia: “Es un grupo de rock del País Vasco fundado en Irún en 1998”.
13. Es un señor mayor con pelo en la cara.
14. Tres señores mayores, dos, con muchísimo pelo en la cara.
15. Voluntariosos, pero no críos.

Diréis:
-Pero Javi, estas listas no reflejan, ni muchísimo menos, la riqueza de lo que ocurre en pequeñas salas de conciertos, donde grupos que han autoproducido maquetas o publicado con sellos mínimos sus disquitos de 10 pulgadas, forman parte de una comunidad efervescente. En este hueco es donde están escondidos los talentos insultantemente jóvenes.
Y Javi os dice: si esto fuese así (que no lo es) el resultado sería igualmente desolador. O peor. Significaría que la chavalada con ideas y energía renovadas no consiguen hacer llegar su talento a los circuitos comerciales. Y al fin y al cabo se trata de que la cosa rule, ¿no?. ¿O acaso hubiese dejado John Peel que The Smiths se quedasen para siempre tocando en un asqueroso cuchitril de Manchester?
-O sea, Javi, que tu opinión es que la gente mayor de veinticinco años no tiene derecho a componer, tocar y editar su música.
No. Por su puesto que lo tienen. De hecho, aún esperamos grandes cosas de muchos compositores mayores de cincuenta.


Pero si los mitos de la historia de la música pop (rock o como demonios queráis llamar a cualquier de los cincuenta y cuatro subgéneros que os guste) se suelen morir a los veintisiete años es porque han ofrecido lo mejor de sí mismos mucho antes. Alaska tenía catorce años cuando se subió por primera vez a un escenario. Antonio vega veintitrés cuando compuso “La chica de ayer”. Santiago Auserón veinticinco cuando editó "Música Moderna" (Hispavox, 1980) con Radio Futura. David Summers diecinueve cuando salieron sus primeros singles.
¿Se acabó la historia de la música española el día que Jota cumplió cuarenta años y llevamos seis celebrando el entierro de la sardina? ¿Deberíamos poner en marcha políticas de natalidad musical en los institutos, de la misma manera que los japoneses subvencionan el segundo hijo? Y sobre todo, ¿de verdad es Pablo Alborán la nueva esperanza del pop patrio?
 El cantante de Los Planetas tenía treinta y dos cuando la banda lanzó "Una semana en el Motor de un Autobús" (RCA, 1998). Cierto, amigos. Y quizá ahí radique parte del problema. Aunque esto y el análisis de las causas profundas de este funeral ya es un tema de debate para otro día.


Después de estas tremendas reflexiones la recomendación de hoy es Beroots Bangers, que proximamente sacarán un nuevo trabajo, esperado con ansia por  muchos entendidos del género. Este dúo o alianza franco-española (para que luego digan de los gabachos) es una propuesta en firme por el buen underground.

 Así que si podéis no os perdáis a Enes y Zemo porque aportan algo nuevo a este mundo, solo espero que esta propuesta salga adelante porque aportaran muchisimo.


jueves, 8 de marzo de 2012

Support Your Local Scene

Ya está muy manido, y probablemente muchos estemos hartos de escuchar esa frase que dice algo así como que la crisis es un momento de oportunidades, y es cierto que cada día que pasa, dejamos de creer en todas esas consignas sacadas de guías de autocomplaciencia; pero a decir verdad, no sé si cegado por un optimismo casi desconocido en mí o qué, he observado cómo en cierto modo esto se está haciendo realidad en la escena independiente, o quizá mejor dicho, underground.

Hace no tanto tiempo veía cómo promotoras nos bombardeaban con propuestas bastante pobres y a precios exagerados, porque para qué engañarnos, el ultimo hype inglés del momento, con un repertorio que difícilmente superaba los cuarenta minutos, sin teloneros y a más de veinte euros la entrada, era algo demencial. Yo aún recuerdo la amarga sensación que me producía imaginarme un taxímetro virtual encima del escenario que a cada minuto subía cincuenta céntimos; supongo que era algo mucho más entretenido que ver a un grupo que por lo general tenía una nula empatía con el público y que claramente se planteaba aquella pantomima como un viaje recaudatorio y puro trámite para que la promotora editara el disco aquí en España y luego les colocara en algún festival.

Yo, concretamente un mes de septiembre, me cansé de todo eso y mandé a todos a la mierda: No volvería a pagar más de veinte euros por un concierto, salvo en ocasiones muy concretas y especiales.
Obviamente no dejé de ir a conciertos, lo que ocurrió es que dentro de la nueva franja de precios autoimpuesta me reencontré mucho más con las bandas locales, que estaban empezando o que militaban en el underground como ejercicio voluntario y artístico. Grupos que ofrecían fiestas en las que lo normal pasaba a ser que actuaran dos, tres, cuatro o hasta cinco grupos, a precios más que razonables y sintiendo que mi asistencia pasaba a ser mucho más valorada, que importaba que fuera allí y que incluso con la diferencia de lo pagado por esa fiesta y lo que me hubiera costado anteriormente un concierto, me permitía llevarme a casa sus maquetas, discos autoeditados en cd-r, splits, 7″… Desde entonces más que nunca volví al lema “support your local scene”.

Hoy el escenario es bien distinto, las vacas gordas ahora son anoréxicas y el dinero no va y viene como antes; ahora toca pensar en qué nos gastamos el dinero y ya no es tan fácil colar a cuatro mindundis imberbes procedentes de Londres, que por puro azar han logrado crear cinco o seis canciones graciosetas y que obviamente no van a ir a más. No será tan fácil colarlos en un festival y tampoco montar un concierto de ellos en la sala Moby Dick (os hablo de salas de Madrid porque es donde se mueve el cotarro) explicándoles además que no van a tocar por un caché fijo, sino que irán a un tanto por ciento de lo que se saque en taquilla… “Seriusly, are you kidding me? Fuck you Spanish bastard!”. A fin de cuentas en la NME salen todas las semanas como la nueva promesa británica, es normal una respuesta así. Con esto algunos promotores más listos han dejado la música “indie” de lado, se han pasado al rock, con un público más fiel y con cachés menos inflados, otros han optado por cerrar puertas. Además el público se iba cansando de que les torearan, o claro, quizá su beca, su contrato en prácticas, el paro o la paga de sus padres ya no les deje espacio para hacer el idiota acudiendo a la sala Randall a escuchar ruido poco distinguible que sale del escenario que a su vez es tapado por columnas.

¿Y qué pasa con el vacío creado en la actualidad? ¿Vacío? ¿Qué vacío? La gente con inquietudes musicales está reencontrándose con su propia escena underground, descubriendo cómo son capaces de obtener más por menos, sintiéndose mucho más participativos y con la capacidad de aportar cosas nuevas mediante la creación de grupos o pequeños sellos discográficos; o blogs, o produciendo vídeos, o aportando diseños, u organizando conciertos; generando muchísima más actividad de la que se podía tan sólo soñar hace diez años. Tanta actividad a su vez está produciendo el efecto llamada, los medios digitales están provocando que a su vez los mayoritarios presten atención a grupos pequeños y, claro está, que cada día más y más gente vaya a los conciertos.

La falta de medios generalizada parece que se está aliando con aquellas propuestas más modestas pero que se hacen desde el corazón. Hoy por hoy, es más fácil lograr llenos en los conciertos underground que se están celebrando en el circuito de salas de Madrid, ya sea Fotomatón, Juglar, El Perro, Costello, Nasti o Siroco, y tengo claro que en un corto periodo de tiempo aún veremos crecer más el circuito y la integración de bandas a nivel estatal. Los sellos están agotando las ediciones en vinilo producidas para sus LP y singles, dejándonos auténticas joyas editadas que pasaran a ilustrar una época, de reliquias editadas en cd-r o cassette desafiando al paso del tiempo y el olvido.
Esta es una etapa dulce que se debe aprovechar pero con la que no nos debemos dejar cegar, ya que como todo en la vida, tiene su trampa: Lo que hoy es una oportunidad, mañana puede ser otra vez la tumba de toda una escena si cuando se vuelvan a tener medios no se evita repetir los errores que se cometieron hace casi ya veinte años con lo más parecido a lo que fue una escena alternativa.

Uno de estos underground que estan "girando" ahora mismo son The Zombie Kids, ellos son Edgar Candel y Jay Cumhur, el dúo impactante de Dj’s que desde Madrid han revolucionado la escena española del clubbing. Dos terroristas de la pista de baile que con actitud punk mezclan electro con house, indie, hip hop, y todo lo que se les ponga a tiro. Su género no tiene barreras musicales, su género es actitud.




Si no los habéis visto en directo no desaprovecheis la próxima oportunidad que será en el ALICANTE SPRING FESTIVAL el día 31 de marzo de 2012